El muro y la certeza

Somos animales de costumbres. Cuando nos vemos en una determinada situación nuestra naturaleza individual hace que tendamos a comportarnos de la misma forma. Es quizá por ello que solemos golpearnos una y otra vez contra un muro, tropezar con la misma piedra.

Tropezar_no_es_malo_mediano

Algunos de nosotros, españolitos de a pie al fin y al cabo, hemos sido acusados de cartesianos, cuadriculados, inflexibles,… De afrontar problemas en la vida más desde el punto de vista estricto y racional de, digamos, un alemán, que desde el punto de vista flexible y medio improvisado de un latino. Sustituyamos ambos términos por ingeniero y comercial y tenemos una idea clara de la conversación. Pero, ¿es que es mejor el otro que el uno? Si lo pensamos con detenimiento el trabajo de hormiga de hacer las cosas de forma menos improvisada no le ha dado malos resultados ni a la hormiga ni a las empresas alemanas o americanas (éstas un poco menos “rígidas”). Por tanto esa sensación de superioridad que en cierto modo tenemos los españoles por ser “capaces” de improvisar me parece bastante falsa. No sólo eso. Ha llegado un momento en que improvisamos tanto que nos hemos olvidado de procedimentar, de ser rigurosos en nuestra ejecución basándonos en la experiencia previa, que la tenemos.

No, si improvisar es maravilloso. El caso es que no se puede improvisar a menos que se sepa exáctamente lo que se está haciendo

Y eso lleva a la certeza. A fuerza de improvisar a veces nos olvidamos que a todos nos es necesario dar algo por cierto. Tener un fin, un horizonte fiable, un pico al final del camino que se hace más y más grande a medida que nos acercamos. Así podemos ir motivados. Y cuando se añaden personas (variables) al problema esa certeza es aún más necesaria. La certeza de una cercanía. La certeza de conocerse. De saber qué se puede esperar de la otra persona. Así se puede trazar, al menos, la línea maestra de un plan. Del plan de nuestras vidas.

borges-laberinto

Jugar pues a ser racional en un mundo de improvisación es complicado. Y cuando la certeza no aparece por ningún sitio se puede llegar a la desesperación. Desesperación por intentar hacer las cosas adecuadamente, como debería ser pero encontrarte una y otra vez con ese muro que aparece de la nada. Darte cuenta que no es que haya un plan para ti que alguien ha trazado y que simplemente tienes que seguir, si estas de acuerdo, sino que simplemente ha(s) sido una solución improvisada, lo que había más a mano.

Y la pregunta radica en dónde está ese punto de ruptura. Qué necesitamos para dar el paso, para el órdago, para tomar control de la situación una vez más. Cuanta fuerza necesitamos para romper ese muro invisible, porque rodearlo muchas veces no es posible, o cansa demasiado.

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